Gina Gómez, la fiscal que se encontró con ‘La Mirada del Diablo’

La Fiscal que llevó adelante la investigación más importante dentro del proceso judicial contra Óscar Caranqui, presenta un thriller sobre este peligroso narcotraficante. 

Enfrentarse a un narcotraficante y vivir para contarlo es un privilegio de pocos. Cómo contarlo también es importante; habrá quienes lo hagan desde el anonimato, desde el cambio de identidad, o testigos que relaten lo que esa persona prefiere callar.

Gina Gómez de la Torre prefiere hablar en primera persona. Fue la fiscal que más aportó en el proceso contra Óscar Caranqui, quien consta en la lista histórica de los seis narcotraficantes ecuatorianos más peligrosos.

A diferencia de autores que basan sus libros en expedientes o testimonios de personas vinculadas a narcotraficantes, en el libro ‘La mirada del Diablo’, la exmagistrada se basa en su experiencia personal. La obra será presentada el jueves 1 de octubre de 2026, a las 18:00 en el Auditorio Benjamín Carrión de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE), en Quito. Con el afán de conocer algo más de la autora y su libro, Marcas Magazine pone a disposición un diálogo con la jurisconsulta:

 

¿Cómo conoció a Óscar Caranqui? 

Fui la fiscal que conoció el tercer caso de Óscar Caranqui. Hubo un primer caso por el que le declararon inocente. Luego hubo un segundo caso “Palo de Lluvia”, que lo conoció la doctora Fanny Altamirano y el tercer caso, el caso “Madera” es en donde yo lo conozco, pero él ya estaba en el penal García Moreno. 

 

¿Caranquí era tan peligroso desde dentro del penal?

Él estaba con una sentencia de 16 años. Patlova Guerra ratificó esta sentencia, pero la esposa de Caranqui tenía una sentencia menor, por lo que Guerra le puso al mismo nivel en cuanto a años de reclusión. Ahí es donde él decidió asesinar a la jueza, pero se produjo un error y los sicarios mataron a Blanquita Cando (secretaria judicial de Guerra).

 

¿Caranqui tenía privilegios dentro del penal?

Ni parecía que estaba preso, porque salía y entraba del penal García Moreno cuando quería y para eso había un grupo de policías que se lo permitían. Con dinero lo compraba todo. Hasta que alguien lo descubrió. Hay muchas leyendas urbanas de personas que decían haberlo conocido en fiestas, en farras, en discotecas.

 

¿Por qué decidió hacer una novela sobre este caso?

Estar huyendo, estar todo el tiempo cuidándome, ver como mi familia se desgastó, jugándonos la vida escondiéndonos, cuidando que no les pase nada a mis hijos y a mi mamá, produjo un desgaste emocional muy fuerte y, para mí, escribir era una catarsis, una forma de sacarlo. No quería hacer un libro sobre cómo fue el juicio en derecho, no. Yo quería sacarlo como se lo vivió, cómo era el día a día, una vivencia cruda, tal como lo sentía.

 

¿Qué tanto sabía usted de Óscar Caranqui antes de asumir la investigación en calidad de fiscal?

Al principio yo no entendía mucho sus amenazas porque no sabía quién era él. Todo eso quise reflejarlo con un estilo novelesco, pero, en realidad, resultó que estaba haciendo un thriller. El libro tiene suspenso, sangre, asesinatos. A diferencia de obras como ‘La Parábola de Pablo’, sobre Pablo Escobar, en la que romantizan a Escobar, yo no quería romantizar para nada a Óscar Caranqui, lo quería mostrar tal cual era: un psicópata.

 

¿Caranqui operaba desde la prisión?

Había inteligencia dentro de la cárcel. Nos iban informando, nos decían que él amanecía con un teléfono y decía ¿a quién mataré hoy? y escogía en el teléfono a quién iba a matar. Los muertos que yo conocí son solo una parte, había muchos más.

 

¿Cuántos homicidios se le comprobó?

Fue la primera vez que se dio la teoría del autor mediato porque, en ese tiempo, no había esa figura en el COIP. Ahora hay el autor mediato, que es el autor detrás del autor, aquel que contrata, el que decide cómo matar. Él decidió la muerte de Patlova Guerra, pero los asesinos se equivocaron y mataron a Blanquita Cando. Él ordena la muerte de la guía penitenciaria Silvia Ibarra, pero lo declararon inocente y, cosa increíble, culparon al testigo protegido. Son ocho homicidios los que se probó, entre ellos el de Blanquita Cando y los cuatro muertos de la Hacienda Campo Serio.

 

¿Cuántos homicidios no se le comprobó a Caranqui?

En el caso anterior al mío había asesinado a dos policías en retaliación a que alguien mató a uno de sus sobrinos. También supimos sobre una persona que, de alguna manera, colaboró dándonos información y luego solo se encontró su cuerpo. Sabíamos que Caranqui lo mandó a matar, pero no teníamos pruebas en firme. 

 

¿Cree que hubo más muertes de las mencionadas?

Cuando detuvimos al niño sicario, nos enteramos de algunas cosas. Era un muchacho de 16 años; lo habían contratado en Ipiales para matar a nuestro testigo protegido en una de las audiencias. Él nos llevó a una casa en Carcelén (Quito) e hicimos la explotación del sitio, encontramos fotos de cabezas decapitadas, como alrededor de seis personas. Esas fotos las tenían ahí, seguramente, le daban a su jefe estas pruebas.

 

¿Nos pude dar detalles del testigo protegido?

Comenzó a llegarnos información y no sabíamos de dónde, pero se trataba de información certera sobre exportaciones (de droga), de lugares, de personas, de cómo hacían las exportaciones y en esa fase es donde se produjo la muerte de Blanquita Cando y el propósito de Caranqui de fugarse. Es ahí cuando encontraron que salía de la cárcel vestido de policía, pero todavía no descubríamos todo. Una tarde me llamaron, una persona que sobrevivió del asesinato en la Hacienda Campo Serio y es quien decidió hablar conmigo.

 

¿Qué le dijo este testigo protegido?

Nos informó cómo se había matado a Blanquita Cando en lugar de Patlova Guerra. Cómo Caranqui había matado a la guía penitenciaria Silvia Ibarra y por qué. Nos informó cómo mataron a la familia de este testigo esa mañana. Yo narro en el libro cómo lo encontramos: creímos que había sido cortado el cuerpo con hojas de Gillette, pero ocurrió que él huyó por los maizales y las hojas de los maíces le cortaban el cuerpo, pues él se había sacado la camisa porque estuvo a un paso de perder su dedo, ya que le habían dado un machetazo.

 

¿Cuánto tiempo trabajó en este caso?

Un poco más de un año. Luego me tuvieron que relevar cuando ya pasé la audiencia por el caso Madera que duró un mes. Al cuarto día de terminar la audiencia, él mandó a cuatro sicarios a mi casa, pero como me habían indicado la manera de movilizarme con seguridad, ese día llegué súper tarde y los sicarios ya se habían ido. Habían amenazado al guardia de mi conjunto para que les indique mi casa; entraron armados, no me encontraron y se fueron. El guardia me avisó y esa noche salí de esa casa y no volví en más de un año. Tuve que arrendar un departamento y evitar todo contacto. Después de la audiencia, a los siete meses, recién le sentenciaron a 20 años de prisión.

 

¿Huir de su casa fue la más duro para usted?

Cuando Caranqui ordenó el secuestro y tortura del juez Esneider Gómez, tras la sentencia de 20 años de prisión (lo enviaron a La Roca en Guayaquil), Esneider Gómez me llamó para informarme que estaba vivo. Me dijo: “Te voy a dar una dirección, ven a verme sola”. Yo pensé que me esperaban para matarme, así que llevamos un equipo táctico con efectivos del GIR y el GOE. Gómez no paraba de sangrar su cara, su cabeza. Estaba ido. Caranqui le había dicho por teléfono: “Así como tú me enterraste aquí, van a enterrarte hoy”. Había estado en un algún lugar del que no sabía, luego lo soltaron y lo dejaron en una gasolinera. Lo amenazaron que si denunciaba, esa noche morirían su esposa y sus hijos. Ningún fiscal quiso firmar las actas, operar, tuve que hacerlo yo. Estaba embarazada pero me hice cargo del reconocimiento médico legal, de la denuncia. El juez Gómez tuvo que salir del país.

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